Jorge Enrique «761» Rodríguez
“Las personas se miden por sus problemas. Resuelve tus problemas y sabrás tu medida”. Esta es la lógica poética (y de vida) de Matías A. «Macabro XII» Hernández.
Mc y productor musical, «Macabro XII» es considerado un discurso de culto dentro del rap underground en Venezuela, y punto de obligada referencia en el panorama rapero latinoamericano. Sus producciones musicales resultan en credenciales que reafirman la estatura de una actitud que trasciende, incluso, la esencia del hip hop: la voz de una generación que se rehúsa a ser silenciada por la pobreza urbana.
Conocer a «Macabro XII», más que suerte, significaría un punto de giro en el modo de percibir las circunstancias que se refundan al otro lado de nuestras realidades. Las coordenadas sociales, representadas en el dolor cotidiano de la sobrevida y donde las generaciones de pueblos extravían su memoria, son el dique de resistencia que ha erigido «Macabro XII» para traernos de vuelta la responsabilidad histórica, y ese acto de fe que derriba catedrales de polvo.
Su pasado personal, aunque amargo, es expresión que quiebra el espejismo de quienes contemplan al mundo desde la ingenuidad y la inadvertencia. Las cisuras que trae consigo no prefiguran el testimonio de su herejía --tampoco las reutiliza como ordalía--, sino que le han servido para entenderse a sí mismo lejos del resentimiento y la vanidad; desde la convicción de saber que lo imprescindible en estos tiempos no es hallar todas las respuestas sino cometer las preguntas exactas; desde el rigor que conlleva saber que lo inexorable no es descubrir qué somos sino rehusarnos a lo que somos; desde la certeza de comprender que el sentido de culpa por todo lo que sucede alrededor es también un sentimiento de hombre libre.
Estas son las singladuras que «Macabro XII» nos lega en cada uno de los diecisiete tracks que conforman su última producción: Contra su Majestad.
Podría afirmarse que el discurso lírico conjugado en Contra su Majestad es la perseverancia de sus discos anteriores --Viviendo muerto y Dios conmigo quién contra mí--, pero no como letanía o mera continuidad que desemboca en la redundancia vana, sino que deja entrever que esa reiteración temática es consecuencia de la observancia sobre un “sucediéndose” que recicla (disfraza) sus coyunturas y sus encrucijadas, complejizando las soluciones ante una problemática que insiste en apagar las voces de los desiguales. Perseverancia esta que nos advierte, de paso, que no todas las deudas han sido saldadas.
Discurso áspero y cimarrón, pero nunca divorciado de aquellas honduras poéticas que, a despecho de los academicistas, esgrimen la palabra como acto de asumir el diálogo desde y/o sobre una realidad cualquiera, y por ende como sanación.
En mi criterio, Contra su Majestad es una estética de equilibrios. Una confabulación entre la prestancia de la producción musical, la exquisitez del diseño gráfico y la exactitud en la selección de cada track. Elementos estos que convergen, como dibujando un lienzo, en la distinción de un flow que ha hecho de «Macabro XII» una voz inconfundible.
Contra su Majestad, más allá de todas sus certitudes, es también una exposición que evidencia el rigor de crear una “obra de arte” que no se subordina al mero ofrecimiento de un “producto estético” con “valor agregado”.
No es gratuito que entre los músicos invitados a compartir la entrega de Contra su Majestad figuren los MCs «Mucha Rima», «El Libre» y «El Aldeano». La amistad personal, y la retroalimentación a través de los nexos que propicia la creación musical --que tuvo como antecedente el trabajo conjunto de estos mismos MCs con la rapera «Gabylonia»--, hicieron posible que los conductos entre Venezuela y Cuba se establecieran más allá de los universos diplomáticos, o afines.
Vibración, fuerza, rigor, tangencia y fe, son algunas de las otras causalidades y valores intrínsecos que trae consigo la última entrega de «Macabro XII». Más allá de un disco, Contra su Majestad es signatura, revelación y rebelión. Un abrazo de paz y memoria en medio de la nulidad que, tristemente, abraza nuestros tiempos.
Ojalá y al mundo nos sirva de algo esta convocación contra las majestades todas. Desde mí, para Contra su Majestad y para «Macabro XII», la bendición.
La Habana, 19 de agosto de 2011.
♣♣♣♣♣♣♣
«LA RAÍZ DEL CAMBIO»: NUEVA ENTREGA DE «SKUADRÓN PATRIOTA»
Jorge Enrique «761» Rodríguez
Vibra, actitud, resistencia y liberación. Así pudiera resumirse --si es que cabe la posibilidad de resumir su desborde estético, lírico y discursivo-- al conjunto de track que conforma la reciente placa de Raudel «Skuadrón Patriota» Collazo Pedroso: «Somos la raíz del cambio».
Asumiendo en ello los riesgos infinitos y las responsabilidades todas, me atrevería a precisar que, largo (y arduo) será el camino para cualquier empeño que prefigure superar las pautas trazadas en «Somos la raíz del cambio»; placa que no sólo llega para consolidar una reforma dentro del escenario rapero, sino que resignifica un punto de ebullición en el pensamiento social cubano, y --en mi criterio personalísimo-- la culminación de una trilogía (junto a «Mi testimonio» 2008 y «El legado» 2009) de flow, beat y mensaje espiritual a pulso.
Ocho años y no pocas vicisitudes; he ahí la singladura que eligiera Raudel «Skuadrón Patriota» en la búsqueda de trascenderse a sí mismo, alcanzar la consagración de su trayectoria como Mc, y cosechar un respeto sagrado por su personalidad ética y la prestancia estética, distintiva en todas sus composiciones. Ocho años y tres placas, donde se fundamenta la sanación de los nexos hacia la verdad como lógica de vida, y de jamás olvidar el rezo cotidiano: hip hop es la voz de las generaciones que se han rehusado a ser silenciadas por la pobreza urbana. Hoy, con ocho años y tres producciones a cuestas, Raudel «Skuadrón Patriota» es la máxima representación de este demiurgo.
Quince track se conjugan en «Somos la raíz del cambio» para entregarnos un lienzo que transpira autenticidad y lucidez en su producción musical. Rigor en una lógica poética que refunda la herejía de ir contracorriente, más allá de los señuelos. Coherencia y certeza en la selección de los textos, donde cada uno signa una advertencia y en su conjunto reconfiguran el mensaje drástico de las encrucijadas.
Toda selección implica riesgo, lleva a cuestas el pecado de la censura. Nunca es imparcial. Escarcea, siempre y a ultranza, con los dominios de la autocomplacencia. Lo que exista de justicia en el acto de seleccionar es simple menester de la utopía. Pero aun así, me gustaría creer (para hábilmente hurtar el cuerpo al acto selectivo) que la tesis de «Somos la raíz del cambio» habita en el track Revolución urbana. Tema de lujo no únicamente por su contenido textual (que sería traficar con la mitad de la mercancía) sino por la amalgama y la exactitud en su composición. Un tema sentido.
«Somos la raíz del cambio», entre otras potestades, se permitió el estreno de varios feat. que igualmente contribuyeron a la excelencia de la placa: Destino de grandes feat. «Anónimo Consejo»; Revolución urbana feat. Franko; Despertar feat. Anais; Desde Güines hasta 26 feat. «El Aldeano»; No soy perfecto feat. «Fila», y Homenaje por Haití feat. Jennie Cabrera, «El Aldeano» y «Sekou». Temas que, más allá de representar el acto de compartir la suerte y la travesía, dibujan el reencuentro de dos generaciones de raperos cubanos en un sentido, y un sentimiento común.
No quisiera concluir sin antes zanjar --aquí y ahora-- uno de los cuestionamientos más ambiguos (término para consensuar los protocolos diplomáticos) que orbitan alrededor de las producciones raperas cubanas en los últimos cinco años --en las que incluyo, por supuesto, las de Raudel «Skuadrón Patriota».
Los detractores del rap y de la cultura hip hop toda, “señalan” que estas producciones son “abiertamente políticas”. No habría que explicar la significancia que esta sindicatura implica en nuestra isla. No coincido en lo de “abiertamente”. Pero, ahora bien, lo que jamás ha querido o no ha podido comprender --comprender no significa estar de acuerdo-- la gendarmería es que hip hop nace como respuesta no solo contracultural sino también política y social. El hip hop --ni quienes lo asumieron como lógica de vida-- jamás cometió la inadvertencia de ser apolítico. Y por otro lado, cuál otra podría ser la reformulación dentro de un mundo sostenido, dirigido y dictado desde la política --la política como extensión y praxis de los Estados/Gobiernos. Esa idea del acto, del arte y de la expresión que obvia la circunstancia política, a qué intenciones agazapadas responde.
El discurso de Raudel «Skuadrón Patriota» --por ejemplo-- es de liberación universal, pero sin caer en la gratuidad ni en la inadvertencia. Sabe (y esta es, a mi entender, su máxima certeza) que no es posible liberación alguna si no somos capaces de liberarnos a nosotros mismos como individuos, como ciudadanos, como sujetos, como protagonistas de las transformaciones socioculturales en nuestras comunidades. Raudel «Skuadrón Patriota» sabe, además, que la única constante que ha sobrevivido en la historia es, el cambio en sí mismo.
No considero que sus producciones --ni ninguna otra del movimiento rapero cubano--sean “abiertamente políticas”. Representan una realidad, quizá más auténtica y sentida que muchas otras, y por ende deben ser confrontadas; pero nunca desde “la presión” ni desde “la precisa”, sino desde ese diálogo que, desafortunadamente, ni siquiera tarde llega.
En definitiva, de qué trata «Somos la raíz del cambio». De la constancia en ocho años de cimarronaje, diría yo; y según el propio Raudel de “Libertad individual, progreso, amor, y nada de odio”.
♣♣♣♣♣♣♣
LA ALDEA Y EL HIP HOP CERRANDO A TODO TREN
Jorge Enrique «761» Rodríguez
Después de escuchar las dos últimas producciones fraguadas
en torno a La Aldea --proyecto trascendido de Los Aldeanos--,
es posible llegar a una conclusión: la tiranía del Rap existe.
Actividad Paranormal,
y el doble álbum Tribu Mokoya, resignifican la evidencia
(inexorable además) de una firmeza contracultural, que rinde tributo a
las pertinencias y refundaciones de los demiurgos del Hip Hop y su
elemento distintivo (en términos mediáticos): el Rap. Producciones estas
que junto a Desacato y Dfinny Flowww conforman la cosecha
de un año (2011) que, además de propiciar la retroalimentación en
eventos de calibre de Latinoamérica --Colombia, Venezuela, Perú, Chile,
México, Ecuador--, resultaría en una marca evolutiva del pensamiento de La
Aldea (evolución inherente a todo sujeto que trasciende sus
fronteras y otredades) y en sus nexos con un Movimiento que ha
dejado de ser --hace mucho tiempo y a despecho de los gendarmes-- una
eclosión de minorías, tanto en Cuba como en el resto del continente... y
más allá. Y es que el Rap --incluso cada uno de los otros elementos que
configuran la Cultura Hip Hop-- ya no es una expresión que incumbe
únicamente a creadores, deudores y seguidores de este género, sino
también a quienes encontraron en su lógica poética una respuesta
(precisa) a las interrogantes que se acumulan en los avatares de la
sobrevida, y que ningún otro discurso estético ha podido contener en
estos tiempos donde la pregunta, real e indiscutible, casi brota por sí
misma: «¿cuáles son aquellas cosas que nos sostienen por dentro cuando
afuera todo se derrumba?»
La Aldea --en
conciencia de esa responsabilidad, donde cada pulsación puede emboscar
el requiebro, a Dios y también al Diablo-- decide continuar apostando
por ese riesgo de rehusarse a la pobreza urbana y a «la vanidad del
poeta sin discurso».
Actividad Paranormal y
Tribu Mokoya, son la ratificación de contener en sí el ejercicio
de vivir a cabalidad, y este “ejercicio de criterio”, una pretensiosa
simulación de reseñar el “prende” y el viaje que extienden estas dos
placas, desde ya referencias/constelaciones insoslayables dentro del
Rap.
Actividad paranormal: la otra perspectiva de un
mismo discurso
Quizá la extrañeza en Actividad Paranormal --que
junto a Nos Achicharraron (2010) y Moliendo Chatarra
(2010) conjuntan el tríptico personal de Aldo Roberto El Aldeano
Rodríguez-- sea la ausencia del sello distintivo de El Aldeano en
los quehaceres de la producción musical. Cuestiones de tiempo (físico)
le han impedido dedicarse con plenitud a cimbrar las complejidades y
rigores que implica la composición musical; universo donde más que mera
exploración, El Aldeano alcanzara a refundar una pauta estética,
verificable dentro de la cartografía discográfica de Los Aldeanos.
Sin embargo, podría decirse que Actividad Paranormal deja
entrever entonces otra perspectiva: la del Mc que urde el filo de su
discurso, su “lógica poética” y la estatura de su flow, no importa la
naturaleza (polisemia o desborde) del background de turno.
¿Qué habría de novedoso en Actividad
Paranormal, además de este desdoblamiento de El Aldeano,
proyectando el calibre de su signatura sobre una producción musical
--casi toda a cargo del fuera de serie Dj Figu-- que algunos
criterios reconocen como no underground? La constancia y la tenacidad de
su actitud discursiva. La hondura de una voz social volcada sobre una
poesía áspera; arisca; de reflexión desnuda, alejada de las retóricas
posmodernistas y la oxidación de aquellas estéticas que invierten sus
presupuestos en fingir orgasmos a la sociedad política. Actividad
Paranormal encierra el propósito de una reincidencia: la irrevocable
herejía de «comprender la época y oponerse a ella».
En mi criterio, la tesis de
esta placa se hilvana en el track Ni con Dios ni con el Diablo;
un manifiesto representativo de La Aldea en su abierta
polarización con las imposturas de ambas orillas políticas que ante sus
diferendos ocultan más de manipulación que de confrontación. Los
invitados de esta entrega --equilibrada, como de costumbre, en el
particular tratamiento de diversas temáticas-- estuvieron (como de
costumbre también) a la altura de las circunstancias. Jhamy, en
los temas Quién anda ahí, Noche triste, Lágrimas de una
sonrisa y Adivina; Silvito El Libre en Vasitos
usados, y Raudel Skuadrón Patriota en Millones de casos
sociales, se conjugaron para imprimirle a la placa una factura
sencillamente de lujo.
En fin, Actividad
Paranormal: otro inning que La Aldea abre con su arsenal de
flow, lírica, rigor, actitud crítica y cimarrona. Las bases llenas, y
continúa al bate.
Tribu Mokoya: el abuso de poder
Directo al asunto; Tribu Mokoya es un homenaje
erigido al Hip Hop que registra, con exactitud y en un alcance de
improbable medida, las circunstancias históricas (en mayúsculas) que
contienen en sí mismas ese «testimonio --que José Luis Brea advierte--
de las trágicas insuficiencias que frente a las industrias de la
comunicación [de la política y de la ideología] experimenta el ciudadano
de nuestros días […] que no encuentra en ellas casi nada de lo que de
verdad le interesa […], y mucho menos encuentra en ellas la posibilidad
de expresar lo que de verdad le interesa, [y por tanto redescubre] el
grito de rebeldía irrevocable que una humanidad silenciada en lo que le
importa eleva minuto a minuto, frente al insultante madarinato
contemporáneo del periodismo [las políticas y las ideologías]». Digamos
que esta es la tesis (praxis y moraleja) que Tribu Mokoya
instaura desde una cardinalidad de vértigo. Sin dudas.
Tribu Mokoya --en
realidad un doble álbum que, aún así, no incluiría finalmente a un grupo
de temas por lo extensivo que ya resultaba-- más que una placa es un
complot. Una emboscada que tuvo sus orígenes en La Aldea para
trascender(se), en apenas dos semanas, las fronteras y los
convencionalismos oxidados de los nexos y las relaciones
latinoamericanas. Un replanteamiento de las lecturas, y de las verdades
que en realidad debieran ser convocadas para compartir ese destino único
como continente. Una tangencial proyección del sujeto lírico (devenido
en libertario), obligado por la perpetuación del espejismo de creer que
solo bastaría exorcizar los demonios imperiales para que el mundo sea
paradisíaco.
Suponer que Tribu Mokoya es becario (o rehén) de un
presupuesto político --como ha insistido en sindicar la gendarmería a
las últimas producciones radicalmente underground (en su intrínseco
significado semántico y semiótico)-- es no comprender a cabalidad las
pertinencias reales donde hoy se convulsiona el destino del mundo.
Digamos que “isla” y “aislamiento” no podrán ser, nunca, la misma cosa,
no importa cuanta voluntad (supuesta) se invierta en semejante
aberración de pensamiento. Tribu Mokoya, es (re)articulación en
medio de la incordia social; ante la devastación de los valores morales
(sin recurrir a la hipocresía moralista); frente al sinsentido que
espora el llamado arte posmoderno del que todos hablan y que nadie
vislumbra.
Eso sí, Tribu Mokoya es una placa belicosa; de una
incumbencia que emplaza y que no tiene lugar para el devaneo bajo la
tiranía de un flow insomne, una lírica que en sí misma es cisura, una
secuenciación donde la respiración no existe.
Tribu Mokoya es
también un tributo que, en dieciocho tracks, ofrecen un grupo de Mcs
desde el filo que destilan sus fundamentaciones poéticas para aquellos
que, a pesar de todo y por encima de todo, se abocan a la fe, la paz y
la memoria como última utopía.
Macabro XII (desde
Venezuela), Soandry Hermanos de Causa; Raudel Skuadrón
Patriota, Silvito El Libre, El Aldeano, El Ejército,
El CP, Bárbaro El Urbano Vargas, El Loco y Charly Mucha
Rimas, son los orfebres de esta placa donde el verso y la historia
(esa que nos toca comprender y a un mismo tiempo cuestionar) se
desangran a través de la prestancia de sus conceptualizaciones
multidimensionales.
La producción de este disco
--también una factura de lujo-- estuvo a cargo de Bárbaro El Urbano
Vargas, El Lápiz, El Aldeano, Devo, Míster K,
Silvito El
Libre, Fili, y Dj Figu. La grabación
fue conjugada por la tríada Escalera
Records, 26 Musas
y Champion Records. Mezclado en Inframundo Records por El
Lápiz y Zazkuash (también a cargo de la masterización en
México), contó con la colaboración de Dj Raphox en los scratches,
y Sandra y Raphox en el diseño gráfico.
Certitud en la equilibrada
selección de los temas; balance en una producción que establece su
“sino” en saber que ofrece, más que un “objeto artístico”, un “objetivo
crítico”. Este es el eje expositivo de Tribu
Mokoya. La reformulación de crear una “obra de arte” que no se
subordina al mero ofrecimiento de un producto estético con valor
agregado, y que expone la conjugación de un trabajo donde nada ha sido
generado por el azar. Producción musical (background), lírica
(flow) y temática (paisaje ético-estético), han conformado los puntales
de esta placa.
Agregar aquí alguna palabra más sería llover sobre mojado, y
quizá hasta pecar de redundante. Tribu Mokoya ya está en las
calles para confirmar que el Hip Hop permanece, que es real y
consecuente, que tiene voz y fuerza, que trae consigo la paz y la
memoria.
En cuentas resumidas, lo que
era una sospecha devino en evidencia: desde La Aldea y el Hip
Hop, el año cierra a todo tren; reportando la resistencia con lírica
paranormal y flow mokoya.
Por si acaso… todavía no
bajen los telones.
♣♣♣♣♣♣♣
EL B: LA DINASTÍA DEL FLOW
Jorge
Enrique «761» Rodríguez
Toda pregunta encierra en sí misma una
emboscada; o cuando menos, el riesgo de la embestida que implica su respuesta.
Ajeno a rehuir las quebraduras --prefiero trashumar las pequeñas luchas y el
desasosiego que estas traen consigo-- asumí responder, ante un breve “auditorio
de interesados”, una cuestión harto compleja: «a quién consideraba, desde mi
criterio, la excelencia dentro del Rap discursado en los últimos tiempos». El primer impulso fue pluralizar el “pronombre
interrogativo”, advirtiendo en la formulación un “gesto” reduccionista que soslayaría
voces y discursos ineludibles (e imprescindibles) dentro de este movimiento. Pero los interlocutores ni siquiera
intentaron zanjar la opción, y la escena quedaría abierta a la estampida del
debate, prefigurado en mi respuesta definitiva: Bian Oscar El B Rodríguez Galá.
La construcción de un “héroe”
pertenece a esos territorios del romanticismo que las sociedades rezuman en su
tiempo libre, en ausencia de un alter ego lo suficientemente atractivo y eficaz
que valide/legitime los “objetivos de vida” de sus individuos. Incluso, un movimiento sociocultural como el Rap --y
la cultura donde se gesta, el Hip Hop-- tampoco ha escapado a las esquirlas de este
tipo de convencionalismo. Sin embargo, acceder (o colaborar) de algún modo a
esta edificación --desde el momento mismo en que articulé mi respuesta-- abriga,
más que una simple sindicatura o complicidad, un breve ejercicio de criterio al
respecto.
En los presupuestos estéticos discursados
por El B, la poesía urbana llegaría a
experimentar un punto de giro; expresión que, en mi criterio, sostiene su tesis
en el track Declaración, incluido en la
doble placa Viva Cuba Libre.
Lírica que desgarra, a un mismo tiempo
que dinamita los derroteros transitados hasta entonces, y establece una
cosmogonía donde todo queda desamparado bajo la vibra de un sentido crítico, emplazador
de los trasfondos políticos y sociales prohibidos para el drama (y el saber) cotidiano.
En la lógica poética de El B no existen las estaciones de veda, ni la
tregua. Su convicción --proyectada dentro y fuera de los escenarios-- se
traduce a un axioma simple pero cardinal: «la verdad no se dice con permiso». Podría
afirmarse, incluso, el trazado de un antes
y un después, luego de aquella primera presentación que junto a Aldo Roberto El Aldeano Rodríguez --intitulados ya
como Los Aldeanos-- realizara el 27
de febrero de 2003 en Cinco Palmas, La Lisa.
La obra de El B se incluye dentro de aquella “generación” que consolida (y
radicaliza) su postura a partir de la supuesta crisis que atraviesa el Rap cubano en los años 2004-2005,
en consecuencia de factores como la censura institucional, la desunión (antológica)
dentro del propio movimiento, y la falta de promoción en los medios.
Como resultado de esta contracción surge la Comisión
Depuradora; «alternativa que tendría como
principal objetivo, llevar a cabo un proyecto independiente que representara a
los raperos que no se encontraban incluidos dentro del catálogo de la única
institución legal para profesionales que agrupara a los MCs cubanos: la Agencia
Cubana de Rap (ACR)».
Sin embargo, el término “generación” apenas alcanza para comprender
los verdaderos demiurgos, ni para ubicar las pautas --precisamente de las
poéticas urbanas-- establecidas por este proyecto. Más que una “generación”, la Comisión Depuradora proyectaba
una convergencia de actitudes y discursos; de reconfiguración y reformulación,
tanto en el tratamiento temático como en la conciencia (responsabilidad)
histórica, cívica y crítica del conjunto de MCs que conformarían su catálogo. Los
pilares que sostenían a la Comisión Depuradora --en aquel entonces, al igual que ahora, mantuve los mismos
argumentos-- fueron «el calibre de sus MCs, el rigor de sus producciones y el
filo de sus poéticas». Raudel Skuadrón
Patriota; Los Aldeanos; Anderson; Maykel Xtremo; Soandry Hermanos de
Kausa; Silvito El Libre; Karel El Indomable; Yimi Con Klase, y Explosión
Suprema, son algunos de los puntales que confirman lo anterior. Es dentro de esta signatura --que resignifica la ruptura que la Comisión
Depuradora suscribe
entre un discurso y otro del Rap cubano-- donde es posible catalizar con
justeza la impronta de El B; Mc que tuvo entre sus certitudes, el acto de convertir su lógica poética
en inspiración para una generación rehusada a tributar a las oxidaciones y
romanticismos sociales.
No son pocos los criterios que
coinciden al señalar que su “herejía” comienza en la Batalla de los Gallos (ediciones
2007 y 2008), donde quedara en evidencia su indiscutible supremacía en el Free Style.
Otros, menos acertados, aventuran la desenfocada idea de marcar su inicio en la
tangencial controversia desatada por el track La naranja se picó (El
Atropello, 2009), que significaría, entre otras cosas, la apertura a una
confrontación sin precedentes entre las instituciones y los discursos estéticos
emergentes articulados al margen de estas. Pero ambas aseveraciones carecen de
una fundamentada observancia, y delatan un superficial estudio en la discografía
(y cosmovisión) de Los Aldeanos,
donde no únicamente se verifica la prestancia de su flow y la verticalidad de
su lírica, sino también su desdoblamiento hacia la producción musical.
Ciertamente existe un contenido
político --tanto en la obra toda de Los
Aldeanos, como en los temas personales de El B-- que polariza y se polariza; pero nunca como contracción
aislada, sino en correspondencia con las circunstancias que nos circundan, y
con las problemáticas actuales que implican a la sociedad cubana y al mundo en
su conjunto. Pero también es cierto que esta propia fiscalización (uniforme) ha
obviado las pertinencias otras discursadas
por Los Aldeanos a través de otros abordamientos temáticos, y
que ha impedido el despertar de una verdadera crítica --a favor o en contra,
pero verdadera y real-- sobre sus improntas líricos-musicales, y no sólo desde el impreciso “abanderamiento”
de voces contraídas.
La singladura
internacional de Los Aldeanos
--iniciada en mayo de 2010 en Serbia, y que incluiría durante todo el 2011 a
España, Estados Unidos, Colombia, Venezuela, Perú, Chile, México, Ecuador-- no
ha significado pausa alguna en las producciones discográficas del grupo. Lo
atestiguan las placas producidas durante el presente año: Desacato, Dfinny Flowww y Tribu
Mokoya (aunque en esta última, el “respetable” extrañaría la presencia de El B). Tampoco ha representado intervalo ninguno en los proyectos personales de ambos MCs. El
Aldeano recién estrenó Actividad
Paranormal; y El B está en la recta
final de su próxima entrega: Respeto, que junto a los dobles álbumes Dr
Jekill & Mr Hyde (2008) y Viva Cuba Libre (2010) conjuntará su
tríptico personal.
Incisivo,
cardinal, lúcido; comprometido con la herencia urbana y cultural del Hip Hop;
consecuente con los principios y conceptos que discursa desde una lírica implacable;
riguroso en sus concepciones estéticas y en sus convicciones éticas. Esas son las
prerrogativas que transita Bian Oscar, El
B, la dinastía del flow.
Más allá de la
impostura romántica de erigir un héroe a destiempo, debiera buscarse en las
reformulaciones de El B --sería sano y justo-- la moraleja que nos
habrá de redimir como individuos, y por ende, como protagonistas en la
conducción de nuestros procesos socioculturales. El B, ocho años atrás --y a contracorriente-- dejaría servida la
mesa. La historia tendrá la última palabra.
♣♣♣♣♣♣♣
ACRIBILLANDO
LÍMITES: CUARTO ROUND CON “MACABRO XII”
Jorge
Enrique “761” Rodríguez
«También
quise la lucha y el tumulto,
tributar
mis márgenes hasta el penúltimo día...
y sobrevivir
al precio mínimo que medita el centinela»
Existen
historias personales que --trascendidas a sí mismas y por sí mismas--, se
transmutan en paradigma para las historias colectivas, y nos recuerdan que la
única moraleja a sobrevivir debiera ser aquella de: nunca olvidar el perdón
para los que caen y se levantan de nuevo. Historias personales que --tal vez
sin saberlo-- tributan a la perpetuación del legado que Malcolm X dejara a los
individuos todos, pues la propia evolución de su pensamiento trascendería la
causa primera de su lucha: la liberación del individuo negro.
La discografía
de Matías Macabro XII Hernández --más que contener el discurso
estético de un sujeto crítico que eligió el Rap (y la verdad) como credencial y
lógica de vida--, es la crónica de su historia personal. Y la moraleja es Macabro XII en sí mismo.
Desecho
de los resentimientos (que no debiera significar jamás un devenir de desmemoria),
este MC venezolano rompe las pautas cíclicas de sus placas anteriores --Viviendo muerto, 2007; Dios conmigo quien contra mí, 2009 y Contra su majestad, 2011(1)-- para entregarnos su última
(a)signatura, contentiva de temáticas urbanas retroalimentadas, sostenida sobre
la fuerza de un lirismo áspero y la distinción de su flow; conjugada en torno a
un discurso unitivo: la liberación.
Liberación
de sí mismo (el aprendizaje de enjaezar y cabalgar nuestros demonios), que
también se traduce en un exorcismo que implica redescubrir la belleza;
entendiendo que el arte --y una de sus razones intrínsecas-- es belleza y
funcionalidad. Pero pudiéramos afirmar que los límites de la belleza, aquí, con
Macabro XII, son igualmente
trascendidos de su sentido convencional, o menos transitado, para devolvernos
esa otra belleza invisibilizada dentro del drama y “el saber” cotidiano: la
belleza de la rabia; la belleza de la ironía; la belleza del dolor (dolor no
sumiso); la belleza de las heridas (físicas, sociales, políticas); la belleza
de nuestros demonios (nuestros ángeles); la belleza en la herejía y la
militancia.
No es
gratuito --nada lo es en la lógica de vida que hilvana Macabro XII-- que esta próxima entrega se intitule Mi Entierro Mi Fin Mi Principio. “Entierro,
fin y principio” que no significan ultimación, ni divorcio, ni renuncia; sino
revisitación, relectura, asunción. Continuidad de un manifiesto que ha sido
zócalo que sostiene el grito urbano de Venezuela, y que en su desborde se ha
extendido (acribillando los límites todos) a toda Latinoamérica.
La
tesis (y praxis) de Mi Entierro Mi Fin Mi
Principio, podría situarse en uno de los versos que allí se conjuran: «respiro
mejor sin la soga, ya sé dormir, dejé de matarme». He ahí la evolución
verdadera, no solo a nivel discursivo, sino además como lección moral (no
hipócrita), social, cultural. La verdadera revolución del ser. La verdadera
resistencia cívica.
La
consolidación --como he
reiterado-- de los nexos y las relaciones latinoamericanas, más allá de los
“convencionalismos oxidados” y los “universos diplomáticos”, tienen un
referente innegable establecido a través de la Cultura Hip Hop y el Rap. La
participación (y aportación) de Macabro XII en esta singladura
tuvo un punto climático en la placa Tribu
Mokoya(2). Por ello no es de
extrañar que entre los invitados de honor en Mi Entierro Mi Fin Mi Principio militen, entre otros, los MC Silvito El Libre y El Aldeano; y
que en la producción --casi otro complot-- se conjuguen las excelencias y el
rigor de Bárbaro El Urbano, El Lápiz, El Aldeano y Silvito El Libre.
Mi Entierro Mi Fin Mi Principio, con garantía
asumida de antemano, llegará acribillando (y perfilando) límites; el cuarto round
con un peso completo del rap que se articula por estas geografías. Desde el
inicio mismo --porque en guerra avisada no mueren soldados--, Macabro XII nos advierte: «...ya no
estoy viviendo muerto».
A mi
entender, quiero y necesito pensarlo así, Macabro
XII nos desliza, con la impronta erigida en Mi Entierro Mi Fin Mi Principio, la filosofía que ha aprehendido a
pesar de las tempestades y la contracorriente: la belleza es el camino… la
liberación es el fin.
Su
historia personal ha trascendido. Hoy es paradigma y moraleja.
La
Habana, 5 de febrero de 2012
(1) Macabro XII contra su majestad, en
Agenda Esquife
(2)
La aldea y el hip hop cerrando a todo
tren, en Agenda Esquife, 24 de noviembre de 2011 (http://www.esquife.cult.cu/index.php?option=com_content&view=article&id=798:la-aldea-y-el-hip-hop-cerrando-a-todo-tren&catid=117:agenda-24-de-noviembre-2011&Itemid=88)
♣♣♣♣♣♣♣
CUENTAS CLARAS… CONSERVAN AL PLANETA
Jorge Enrique «761» Rodríguez
«Dicen que no soy de aquí
dicen que somos una cosa rara
no somos más que el noveno pasajero
de la galaxia cuentas claras»
-Cuentas Claras-
Hay una pregunta que se me repite en las diversas
ocasiones donde el diálogo --a modo de
entrevista, o simplemente compartiendo el “tiempo libre”, un café, las
discrepancias o las coincidencias--
versa sobre la cultura y todo lo que esta comporta, contiene o se le
añade: «el por qué de mi insistencia (terquedad, dicen algunos) en discursar
sobre el Hip Hop».
Quienes me han referido la pregunta conocen que mi
“lógica poética” no se articula desde el Rap, ni el Graffitti, ni el Break
Dance, ni el Spoken Word, ni el Free Style…en cuentas resumidas, no soy un
creador de ninguno de los elementos que conforman la cultura Hip Hop. Soy
escritor y promotor cultural, aunque hace bastante tiempo, a mi pesar, me
encuentro distanciado de acciones concretas desde la promoción cultural. En
todas las ocasiones he respondido lo mismo: «la cultura Hip Hop va más allá de
cualquier manifestación artística…su evolución trasciende todo acto cultural,
asumiendo(se) una signatura profundamente social y, por ende, política. Hip Hop
es una actitud ante la existencia toda, y yo, por razones de sobra vivo en
actitud Hip Hop, y a través de esta cultura opero ejercicios de criterios que
buscan argumentar caminos hacia la transformación definitiva del ser humano».
Por otro lado, digámoslo finalmente, habito junto a
otros colegas (de oficio y de travesía) el propósito de reformular un mapa
crítico y literario --en torno al Hip Hop y desde el Hip Hop-- que nos permita
redimensionar la articulación y la proyección ética y estética de sus
discursos, más allá del conjunto de espacios que le han servido, hasta ahora,
de escenario para fundamentar sus presupuestos.
La oxidación del ejercicio crítico no es resultado
del carácter metodológico que le es afín para su aplicación, sino del uso
inadecuado de estas metodologías. Adecuar las herramientas precisas al suceso
socio-cultural sindicado por el movimiento Hip Hop --la decodificación
analítica del alcance semántico, y el dominio semiótico, iconológico,
narratológico, filosófico y teórico-- serviría igualmente a su legitimación y a
su cristalización, como auténtica expresión urbana, dentro del paisaje cultural
cubano.
Son estas dos razones las que me impulsan a registrar
los avatares del movimiento Hip Hop de la isla, a transitar sus conciertos, sus
desconciertos, sus evoluciones, sus oxidaciones; advirtiendo la premisa de
apropiar(se) otros espacios ante el hecho --ya verificable en la praxis-- de
que la revista del Rap cubano, Movimiento,
carece de la sistematicidad necesaria para sostener la dinámica, el
crecimiento, la singladura y todo debate, reflexión o polémica que se suscita y
se genera cotidianamente desde el Hip Hop.
Hoy me complace esgrimir la emboscada --toda
entrevista lo es-- al proyecto Cuentas
Claras.
Desde una proyección escénica sui generis, que roza
incluso matices de comicidad, la propuesta poética de Cuentas Claras contiene una visión profunda de las situaciones y
fenómenos sociales que conforman parte de nuestra realidad cotidiana, incluyendo
el carácter marcadamente erótico, como idiosincrasia, que solemos imprimirle a
nuestras relaciones interpersonales.
Es posible reflexionar y divertirse a un mismo
tiempo en cada espectáculo de Cuentas
Claras, donde la simbología tiene un peso notable. Una simbología que nos devuelve
aquella década de los 80 del pasado siglo, en que la filmografía, y la gráfica “soviética”
toda, nos parecía tosca y carente de la “hermosura hollywoodense”, pero que hoy
(las vueltas que da la vida) la extrañamos, e incluso --quién lo diría-- orquestamos apologías sobre los valores
estéticos, y hasta éticos, que contenía la llamada “cultura sovietista”.
Fundado en el año 2003 por Amaury El Temba Leliebre, Daniel El Dano Rivas y Carlos Mucha Rima Bravo, Cuentas Claras defiende el Hip Hop como alternativa de
transformación en la comunidad, y el Rap como plataforma discursiva, más allá
de lo que pueda sindicarse como underground o comercial. En cada uno de los
temas de su primer y único demo, Con lo
que tenemos, nos advierten que la trascendencia también se puede inscribir
en el diálogo del individuo con su entorno, desde la conciencia, desde la
consecuencia, desde el compromiso que requiere la ardua tarea de estar siempre
con las cuentas claras.
Dejo acá la palabra de los Cuentas Claras, y a través de ellas decodificar, de algún modo, las
coordenadas para llegar a ese lugar que ellos han construido como espacio de
refundación y sentimientos, discrepando o coincidiendo.
Cuentas Claras con el
micro…poncha Dj.
-Tengo entendido que Cuentas
Claras es una evolución del proyecto Los
Reyes de las Calles ¿Cuánto hay de cierto en ello?
Carlos: Definitivamente NO. Los temas
de Los Reyes… en un 90% son de
“Ganstarap” y no es el caso de Cuentas
Claras.
Dano: Los Reyes… tuvieron su momento y tienen su historia, se puede decir
que tenemos algo de Los Reyes…
Carlos: Pero también de Convoy y de Sistema Vital. Ellos eran tres con la misma visión, por eso
hicieron hincapié en una forma de Rap. En realidad el que ha evolucionado es el
director del grupo, ha madurado artísticamente.
Dano: La visión panorámica de Los Reyes… es Amaury. La evolución es
él, que pone su granito de arena escenográfico y sus neuronas.
Carlos: Cuentas Claras es un Rap más bohemio donde los tres integrantes tienen visiones
diferentes.
Dano: Pero es diferente el mensaje.
Hay evolución escenográfica. Tratamos de dar un mensaje en cada tema. Aunque
tenemos mucha metáfora, nuestro doble sentido es más elaborado.
Temba: Cuentas Claras es más una
unión de criterios y estilos aunque predomina la visión performática y satírica
que ya traía de Los Reyes…, esto mezclado con la visión de los demás
integrantes forma la experiencia actual del grupo, por eso no me inclino por la
teoría de la evolución veo más una unidad de experiencias y criterios
artísticos encaminados en un sentido y forma de expresar el Rap.
-¿Planeta Cuentas Claras… dónde
queda eso… cómo se llega… qué hay allí?
Dano: Queda en todas partes y en
ningún lugar. Y dentro de cada corazón donde exista un poco de amor. Se llega
viviendo, caminando, sintiendo. Es como una ruta que no tiene número, es la
ruta de la vida… tu meta, la mía, la de todos. Para mí es el mejor lugar del
mundo.
Carlos: En esencia hay un estilo de
vida que se basa en la música como soporte para llevar mensajes positivos y
reflexiones que sirvan para que la gente se desenvuelva mejor. Es como el amor
de tu vida que mientras más lo buscas menos lo encuentras.
Dano: «Hay una orgía de pollitas y
pollitos, mucha música y mujeres encueras un casting de pornografía.
Hay amor, deseos de vivir, alegría.
Es vivir lo que se ha predicado»
Temba: Es ante todo la filosofía del
grupo, el sentir de los tres unidos, o sea,
donde cada cual puede estar con sus fantasías, sus errores en un
constante fluir con los demás, es como no vivir con la gente pero tener
conciencia de que vives entre la gente y hay cosas que se deben respetar, el Planeta Cuentas Claras es para estar
bien y no meterse con él.
-El concepto de activismo se puede
generalizar como «la acción o
la actividad sostenida con intención de efectuar un cambio de índole social o política,
usualmente dirigida a favor de una postura particular dentro de una disputa o
controversia». En los últimos tiempos, el Movimiento Hip Hop cubano ha fundamentado/enfocado
su signatura hacia el activismo, a favor de rescatar el
protagonismo de las comunidades en la conducción de sus procesos socio culturales,
y a un mismo tiempo, lograr una organicidad del propio Movimiento dentro de ellas. ¿Cómo se integra Cuentas Claras en este proceso?
Temba: Todo rapero comprometido es de
por sí un activista y Cuentas Claras no
escapa de ello; en cada canción, en la actitud ante la vida, en la interacción
con otros artistas. El rapero va incidiendo en la comunidad hasta el punto más
alto con el lenguaje de los más bajo trasmitiendo su sentir. En eso nosotros
como muchos otros raperos estamos claros y es la mayor forma de activismo que
imagino, con respeto para otros activistas.
Carlos: Cuentas Claras llega y tiene la posibilidad de ser el primer grupo
de Rap que tiene un espacio para divulgar la cultura Hip Hop en cuba.
Dano: Por cada elemento de nuestro
trabajo somos activistas porque salimos a cantar para llegar a la comunidad, es
una forma de compartir con la gente, lo hacemos por amor y todo grupo de rap lo
lleva en sí. Tenemos a nuestro favor que lo hacemos de forma artística,
diferente, donde la ironía es parte del disfrute y la comunidad se siente con
deseos de escuchar algo atrevido.
Somos activistas en la radio y tenemos la suerte de
hacerlo cada martes a las 10:00pm a través de la emisora Radio Ciudad de La
Habana en un espacio que se llama Kunkumpá.
El objetivo de este trabajo comunitario y social es difundir la cultura del Hip
Hop, dándola a conocer principalmente a los raperos cubanos, tanto a los más
populares como a los pocos favorecidos por los medios, sin desatender la
calidad musical de los artistas.
Carlos: La intención fundamental del
espacio es que las personas que gustan de esta cultura disfruten y compartan
música y conocimientos y quienes no la conocen, se sumen motivados por la
instrucción y los aportes del Hip Hop como cultura general integral. Se
entrevistan en el programa a músicos y
directivos de la agencia de la Agencia
Cubana de Rap y a personalidades que laboran en las
instituciones implicadas en esta cultura en nuestro país.
-¿Qué importancia le otorga Cuentas Claras al activismo dentro de Cuba, como solución
a las diferentes problemáticas de las cuales el país no está exento,
especialmente, aquellas que se
sucedieron o se agudizaron al inicio de los 90s?
Dano: Es una de las maneras que
tienen los artistas de interrelacionarse con el pueblo. Hay instituciones que
se han divorciado de esto y los artistas tienen más posibilidades de interrelacionarse con el pueblo. El
activismo no es la solución a los problemas, pero es importante para crear estados
de opinión y sirve como alivio espiritual.
Temba: El activismo tiene la
posibilidad de llegar directamente a todo tipo de comunidad, por lo tanto es un
instrumento esencial para la creación de valores y cambiar la visión de las
masas, como ejemplo: la violencia doméstica, incentivar el hábito de lectura en
los niños y adultos. Creo además que el activismo en nuestro país desempeña un
papel de suma importancia para limar vicios y malos hábitos que se crearon en
la crisis de los 90s. Pienso que el activista ejerce un papel educador y sirve de enlace
entre lo que objetivamente piensa el pueblo y lo que desea el gobierno.
Carlos: A través de la cultura te
conviertes en un portavoz de las voces del pueblo. Crear estados de opinión
para resolver los problemas es un buen recurso y el que esta a nuestro alcance
por ahora. El Hip Hop no es la oveja negra, es portavoz de la verdad, y estamos
en función de que se reconozca el género.
-A criterio de Cuentas Claras, ¿cuáles serían los presupuestos transcendentes que
deberían articular el activismo cubano
con los movimientos similares de otras regiones, independientemente de que las
realidades/particularidades sociopolíticas y culturales no sean las mismas?
Temba: Todo debe ir encaminado hacia
un bien común, porque hay cosas que son esenciales en toda
comunidad a nivel mundial y el activismo debe tenerlas en cuenta, instruir a la población o
encaminarla en ese sentido es lo más correcto para articular dicho activismo.
Carlos: Sentido nacionalista, y a la
vez a su carácter universal.
Dano: Abogamos por el mejoramiento
humano, llevar la cultura a todas partes, a los lugares más intricados como las
zonas rurales y marginales que los hay en la capital y otras ciudades del país.
-Underground & Mainstream, a mi criterio «dos monedas de una misma
cara, o dos cruces de una misma moneda, es decir, hoy, todo se vende, todo es
mercado». ¿Qué opinión merece de este criterio, y qué aportaría (y qué no) Cuentas Claras a esta polémica que, entre otras cosas, ha ido horadando el diálogo
dentro del Movimiento?
Dano: Esto es algo que sucede en todo
el planeta, el comercio se ha generalizado tanto que hoy los artistas más
radicales o controversiales de cierta forma underground venden su música. Lo
importante es ser consecuente consigo mismo y mantener la esencia de la cultura,
la identidad cultural. El talento no se compra pero si se vende.
Carlos: El movimiento debería tener mas
conciencia de que ambos son necesarios, no todo es comercial y no todo es
underground.
Temba: No todo se vende y sin embargo
el mercado esta detrás de todo, incluso, de lo que consideran que es peligroso
por sus ideas lo comercializan, lo mercantilizan.
-Me resulta interesante la tesis que expresa: «no hay temas elevados
ni bajos, sino tratamientos». Cuentas Claras apuesta por el “espectáculo”, y por una manera
“diferente” en el “tratamiento” de los temas, a través de un discurso matizado por códigos y referencias que
recuerdan la “atmósfera” de los 80s cubanos. ¿Tiene esto que ver con algún tipo
de añoranza por la niñez vivida, por las “épocas felices”?
Dano: No se propone el grupo
reverenciar ninguna época por que somos de este tiempo. Apostamos por el
espectáculo porque nos complace poner en la escena lo que sentimos, vivimos y
nuestra aspiración es hacer arte siempre. Nos preparamos para que cada
presentación sea especial y que las personas disfruten, piensen, rían y lloren según les inspiren,
pero causar algún efecto porque todo tiene su causa y su efecto.
Temba: Cada vez que te subes al
escenario es para hacer un espectáculo, con el peso y la calidad necesaria.
Éramos felices en los 80s y ahora también porque hacemos lo que nos gusta y los
códigos y la forma de dirigir el discurso están en función con nuestra realidad
actual.
Dano: No sentimos añoranza por nada. La añoranza es por el planeta… que está
en candela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario